Asomarse al lienzo de lo inevitable

Reseña de El umbral. Crónicas y meditaciones

Estas crónicas se empiezan a contar con el inicio de la pandemia en marzo del año pasado, en éstas, el autor nos conduce a enfrentarnos a una nueva realidad, pero ¿cómo salir colectivamente de una madeja compuesta, principalmente, por el biovirus, ese virus al que Trump llamó foreign virus, que nos ha acorralado en nuestras casas y nos ha develado lo que ya sabíamos: la inefable desigualdad social?

Nuestros cuerpos y nuestras mentes, con el virus del covid-19, han mutado en la inmovilidad lo que nos ha llevado a una psicodeflación, donde la caída rápida de la tensión cotidiana por fin se ha detenido y no gracias a ninguna ideología política, sino al biovirus que también ha generado un virus lingüístico, semiótico. Hoy más que nunca no hay ninguna certeza, ningún futuro individual, ni global se vislumbra, por el contrario, el lienzo de lo inevitable, en palabras del autor, se asoma al umbral donde el control tecnototalitario resuena como un peligro inminente.

En el borde de una gerontomaquia masiva, uno de los términos acuñados por el autor, donde los ancianos han tenido que dejarnos su lugar en este mundo a los más jóvenes, nos han dejado ya un residuo artificial de lo que antes existía. El cadáver del capitalismo donde el dinero hoy se mueve de otras maneras, paradójicamente no ha dejado de moverse; por eso ha llegado el momento de separar la visión de que el consumo es un placer, porque el capitalismo no se detiene, se adapta rápidamente a los nuevos escenarios de una biopolítica que nos oculta que “la acumulación es una ilusión peligrosa” y el desempleo masivo una realidad; entre la angustia ininterrumpida, el desempleo masivo y la esperada epidemia del suicidio, como salida ante un futuro nebuloso, no son descartados por el autor.

Los humanos hemos transmutado en seres con una mente hiperconectada donde en contraposición únicamente unos cuántos nos enclaustramos en nuestros hogares para trabajar, otros tienen que continuar con su vida exponiéndose al peligro de morir por la exposición al biovirus. Para sumarle a nuestra angustia, hoy estamos expuestos al infovirus cuya red informática mundial nos causa el temor de morir o de provocarle la muerte a los que amamos, así, con la pandemia nos convertimos en huéspedes psíquicos listos para propagar el virus del miedo, o en huéspedes físicos,  portadores del virus.

La salida será quizás una Revolución de jóvenes que detenga la realidad tecnopsicópata donde nuestros cuerpos ralentizan sus movimientos, pero donde también nuestras mentes tienen la oportunidad de repensar su entorno.

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