Reseña de La próxima revolución

El concepto «revolución» ha estado activo —bajo la forma que nos es más asequible—, en la historia occidental por alrededor de quinientos años. A él subyace inevitablemente un componente nihilista, en la medida en que señala un objetivo que, aunque pueda ser lógico, no es socialmente actual: postula la posibilidad del uso y expresión de ciertas energías y conceptos y —según esa interpretación—, las eleva al ponerlas en relación: no sólo es posible esa relación, además es probable. La revolución —en términos sociosíquicos— resulta ser una apuesta por un estado de cosas que no es de facto, pero que es deseable y en esa medida se puede realizar, según este diagnóstico profundo de las circunstancias de un presente que requiere virar el camino porque, sin ese giro, nos perdemos de una experiencia integral del mundo y de nosotros mismos, de una experiencia de mundo que nos requiere y exige. Sin mutilaciones.
En esa medida, el diagnóstico de Murray Bookchin es devastador para el estado actual del trend económico y político, toda vez que postula un giro lógicamente necesario pero fácticamente impensable: estructurar límites ante la barbarie del capitalismo actual que —según los «visionarios de última hora»— pronto pasará de ser meramente industrial a ser informacional.
La próxima revolución recoge nueve ensayos desarrollados a lo largo de veinte años. En ellos, Murray Bookchin ofrece las formulaciones más maduras de su filosofía política, que en su conjunto plantean —desde un pensamiento coherente y constructivo—, un meticuloso programa con doble agenda y un propósito unificador: por un lado se propone revisar los errores y aciertos de la izquierda histórica, sus herramientas más eficaces y su posibilidad de permanencia en el proceso dinámico de las sociedades; por otro, nombra el estado actual del mundo, sus conceptos y actores fundamentales y; finalmente, el propósito de todo es nombrar «las formas de organización necesarias para desarrollar una fuerza que pueda contrarrestar el poder coercitivo del Estado nación», y salvar nuestro planeta mediante un cambio social en el que se revele el auténtico potencial emancipador humano. Ésa será la próxima Revolución: sustituir el imperativo capitalista «crecimiento o muerte», por el imperativo ecológico «de la interdependencia y los límites», un reto colectivo cuyo propósito en última instancia es frenar la segunda partícula de la disyunción capitalista, cuyas consecuencias se atisban ya a tan solo un par de generaciones adelante.
Uno de los conceptos transversales en este compendio, es «comunalismo», una crítica a la sociedad jerárquica y capitalista en su conjunto. Este concepto no es sólo de orden filosófico, también lo es histórico, político y organizativo, y su origen puede situarse durante la Comuna de París (1871). Con él, Bookchin postula la reorganización de las sociedades, una suerte de socialismo para el Siglo XXI que busca «…rescatar el significado de la política en su sentido más amplio y emancipatorio, para poder realizar el potencial histórico del municipio como espacio en el que se desarrollan las ideas y el discurso»; la cara política más concreta del comunalismo es el municipalismo libertario.
Úrsula K. Le Guin llama a Bookchin: «…un auténtico hijo de la Ilustración por su respeto por la ideas claras y la responsabilidad moral en su búsqueda honesta e inflexible de una esperanza realista».
Así como la Revolución Copernicana expulsa a la Tierra del centro del universo, y Marx a la burguesía del centro de la sociedad, con este compendio Bookchin nos ofrece una ruta para expulsar al capitalismo del centro de la actividad humana, tanto en lo estrictamente colectivo como en lo íntimamente individual. •

