Rosa Luxemburgo y el arte de la política
Una reseña de Molay Maza Ontiveros

 

Vigente es el pensamiento revolucionario que nos precede, actual es la lucha de clases y vivos son los procesos que exigen aguda comprensión en materia de economía, ecología, política, derecho y cultura humana, entre muchas otras disciplinas. Necesaria es la acción política para desmontar los andamios, los puentes, las bases estructurales que sostienen el sistema global de la explotación de los seres humanos por sus pares, el saqueo de recursos naturales, sociales, culturales y la destrucción de los ecosistemas. Rosa Luxemburgo tiene algo que decirnos al respecto.

Frigga Haug nos ofrece en este volumen una recepción creativa, viva y fructífera, pero no por ello complaciente y optimista; es una vibrante reflexión crítica de la obra y la vida de una de las más grandes pensadoras de la izquierda global, pero no es una apología. Tampoco nos encontraremos con un pesimismo desmovilizador, del tipo, “las utopías socialistas derivan sí o sí en el totalitarismo”. Por el contrario, este libro contiene esos elementos que nos invitan a pensar por nosotros mismos, objetivo permanente de la reflexión socialista: la duda metódica, filosófica, la búsqueda de lo que falta en una teoría, las preguntas incisivas para cimbrar lo que parece inamovible, el cepillar a contrapelo la historia y no dejar de releerla y reescribirla.

Socióloga y psicóloga social alemana, feminista marxista y socialista nacida el 28 de noviembre de 1937, sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial y militante de izquierda hasta nuestros días, Haug nos presenta esta relectura de la obra de Rosa Luxemburgo a través de un progresivo proceso de diálogo acompañado de una fina crítica que va del lenguaje utilizado hasta a su actividad militante y el cumplimiento de sus tareas de formación política y de propaganda partidaria.

El libro, pequeño en tamaño, pero gigantesco en contenido, se compone de seis capítulos y dos anexos compuestos por un apéndice sobre la lucha por reconocer el periplo de la humanidad por la libertad en forma de un monumento vivo para Rosa Luxemburgo.

Durante la lectura se desarrolla un viaje intelectual que no se abstrae de los aconteceres cotidianos de la vida propia y de la colectividad humana. Si bien corren días en los que muchas de las circunstancias a las que responde la discusión manifiesta en nuestro volumen han cambiado,  los grandes problemas que azotan a la humanidad para llegar a ser verdaderamente humana persisten. Las clases trabajadoras salen a la calle a defender sus derechos frente a la ofensiva permanente del gran capital contra la vida misma,  pueblos originarios que resisten en contra de golpes de Estado en defensa de los pocos pero consistentes triunfos que se han logrado luchando en los estrechos marcos de la democracia liberal representativa.

Aquí hay propuestas, ejes discursivos y de análisis de los cuales tirar para la acción transformadora en donde quiera que nos alcance la lucha de clases, en un desarrollo más amplio y profundo que es la Realpolitik revolucionaria, que comprende cabalmente y plantea caminos para solventar en la práctica la vieja contradicción entre reforma y revolución, para hacer efectiva una política de la transformación en la profundidad fáctica de la vida cotidiana e intervenir en las reformas políticas de gran calado.

Hablar de que la obra de Rosa Luxemburgo surge como guía en un horizonte confuso no es lugar común; el eje Marx-Lenin-Luxemburgo-Gramsci es en realidad necesario para desentrañar el escenario turbio, no solo por la pérdida de brújula de muchos sectores del movimiento socialista y obrero tras la implosión de la Unión Soviética, sino por la lógica imperante de ejercer una política socialdemócrata ya neoliberal, conciliadora y reformista de corto alcance en una correlación de fuerzas, una falta de organización de masas y de movimiento callejero que ha dado paso a todas las reformas impuestas de austeridad en Europa y de extractivismo neoliberal en América, África y buena parte de Asia.  Esta dificultad no encuentra la mágica respuesta y la solución decretada en consignas revolucionarias con pretensión de universalidad, Frigga Haug pone sobre la mesa la posibilidad de la articulación del pensamiento de Rosa Luxemburgo y de las líneas trazadas por Antonio Gramsci, una continuidad intelectual y práctica en el seno del movimiento socialista que no se pudo aprovechar  durante el siglo XX por las limitaciones propias del movimiento y los reveses reaccionarios sufridos en su desarrollo.

Si esto fuera de poca consideración, a la deriva intelectual y su contacto en la actividad política de las masas populares hay otras reflexiones de gran interés; por ejemplo,  se pone punto final a la mitología en torno a la sobreestimación que Rosa Luxemburgo hace de las masas populares y el espontaneísmo por encima de la organización del partido, por el contrario, se muestra una militante lúcida respecto a la importancia de la organización política partidaria, así  una revolucionaria consiente de sus limitaciones y los riesgos de que la burocracia controle la voluntad y la iniciativa de los pueblos en lucha.

Rosa Luxemburgo y El arte de la política nos presenta una reflexión fresca desde el feminismo socialista. Otro elemento interesante es que en el desarrollo de la argumentación, al analizar la tensión entre teoría y empirismo, nos aparece un marxismo muy parecido a la ortodoxia del siglo XX, esa combinación difícil hace del texto un estímulo intelectual asegurado y un gran acierto de Tinta Limón y la Fundación Rosa Luxemburgo.

Nada puede ser más poderoso y creativo que la iniciativa, la voluntad y la inteligencia de las masas populares, no como una entelequia abstracta salida de  teorías  vanguardistas del siglo pasado, sino como la capacidad humana de resolver la vida colectivamente, así como la capacidad de la vida de generar respuestas a los problemas de su existencia material. De aquí se desprende la otra aportación: la lucha por la hegemonía requiere de la acción, la movilización y la participación activa de las masas populares en la articulación del poder de Estado en la construcción desde el poder del pueblo.

Rosa Luxemburgo hizo una crítica demoledora de la dictadura del proletariado en la experiencia Rusa, pero no la contrapone con el Estado burgués y su democracia para ricos, sino a las posibilidades que abre la acción democrática de masas en la toma de decisiones en asambleas populares, comunas o soviets. Frigga caracteriza estas reflexiones como los plagios a la Comuna, pues hay esa viva experiencia de los pueblos en el acervo de nuestra historia.

El texto de Frigga es vibrante y conmovedor, una herramienta para la formación política de militantes de izquierda, agudo, penetrante y rinde un honesto homenaje a Rosa, nuestra maestra milenaria. Establece diálogos con otras pensadoras como Hannah Arendt, Raya Dunayevzkaya y Antonio Gramsci. De tal forma que no tiene pierde, la crítica feminista y el pensamiento socialista para el siglo XXI fortalecen su cimentación teórica con este material.

Para cerrar, vale resaltar que Frigga Haug cuestiona y se propone superar la idea de Rosa Luxemburgo que se ha promovido mayoritariamente, diríamos ahora que la han blanqueado, que la promueven como “la paladina del pensamiento libre, la representante de quienes piensan diferente”, la pacifista, opuesta a toda la violencia incluyendo la de la revolución, a esa herencia  renuncia Haug para hacer una recuperación que ofrezca mejores herramientas al quehacer político, de allí la clave del texto, la realpolitik revolucionaria del arte de hacer política.

La lucha hoy nos demanda la construcción de lo común, del nosotros global, mestizo y solidario, de una modernidad distinta, alternativa, tal vez, transcapitalista quizá, pero justa y en democracia sin duda, socialista pues, en esta ruta, difícil, pero la única, nos ayuda a perfilar este gran trabajo.